En la historia de la ruleta, siempre hay anécdotas interesantes. Muchas de ellas se relacionan con jugadores que, por distintos motivos, se hicieron famosos.
Uno de estos jugadores fue un argentino, de la ciudad de Necochea. Y el episodio ocurrió alrededor de los años 40.
Este hombre era peluquero en su ciudad, y era fanático de la ruleta. Y no sólo eso: estaba empeñado en encontrar una estrategia de ruleta que le permitiera hacer saltar la banca. Para eso concurría asiduamente al casino de su ciudad, y analizaba los números que salían en una de las mesas de ruleta. Después de un tiempo, se dio cuenta de que había cierta “tendencia” en la ruleta, y que algunos números salían más que otros. Esto se debía claramente, al desgaste propio de la rueda de ruleta, que en ese entonces era mecánica.
Así fue como comenzó a ir al casino casi todas las noches, a jugar los números que correspondían al sector que se repetía, y comenzó a ganar usando esa estrategia de ruleta. Pero resultó que un día esa ruleta fue trasladada a un casino en otra ciudad. El hombre se resistía a perder su oportunidad, así que comenzó una investigación, hasta que logró dar con el nuevo paradero de “su” ruleta.
Comenzó entonces, nuevamente, su buena racha. Hasta que una noche, en que su mujer lo acompañaba, ésta, conversando con otra mujer en el casino, quien no dejaba de admirarse de la buena racha del peluquero, cometió la infidencia de comentar cuál era la estrategia que le permitía obtener tan buenos resultados.
La mujer escuchó atentamente, y luego le comentó la conversación a su marido. El hombre, un ciudadano alemán, se haría famoso años más tarde, por armar un grupo con el que logró ganar muchísimo dinero en el casino, aplicando esta estrategia de ruleta, que se conoció como “estrategia de los alemanes”.













